sábado, 15 de noviembre de 2014

Granos de maíz

Como granos de maíz se desgranaron uno a uno los nombres de los 43 muchachos normalistas de Ayotzinapa la tarde del 13 de noviembre. Uno a uno fueron cayendo en el seno de la pequeña comunidad improvisada para la solidaridad con el reclamo de su devolución con vida. ¿El escenario? La acera de la embajada mexicana en Costa Rica, que fue ocupada por unas cien personas, muchas de ellas mexicanas, la mayoría jóvenes mujeres y hombres, quizá estudiantes, que han sido golpeados en sus conciencias y en su dignidad por un hecho atroz, de esos que deberían leerse en los libros de historia medieval: la desaparición forzada de 43 estudiantes de magisterio en Ayotzinapa, México.

También yo, hermana de un niño desaparecido, acudí al llamado de Natalia y Héctor apostando con todos los/las presentes a que el amor y la solidaridad los traerán de vuelta a sus vidas, a sus familias, al futuro del que forman parte y que estaban construyendo con su esfuerzo. Conmigo estuvieron, como siempre, mi niño desaparecido y los ojos cansados y tristes de mi madre tras 33 años de espera.


Una bandera mexicana cerraba el paso en la entrada principal de la embajada. Era una bandera enrarecida sin el rojo y el verde con el blanco al centro, la de siempre, sino ahora enlutada por la traición al juramento de sus autoridades que prometieron, como todos/as los/las mexicanos/as, “ser siempre fieles / a los principios de libertad y justicia / que hacen de nuestra Patria / la nación independiente, / humana y generosa / a la que entregamos nuestra existencia”.

A lo largo de la tapia se colocaron los carteles hechos a mano alzada por nosotros/as junto con las fotografías de los 43. Ellos me miraron con los ojos fijos, mudos, ausentes de la vida política, social y familiar desde que fueron arrebatados el 26 de septiembre, hace casi dos meses. En una de las pocas calles hermosas, bordeada de árboles, en esta ciudad encementada, vi caer el sol; con su luz postrera azafranó la atmósfera. Muy pronto oscureció y la calle se alumbró con velas que se alinearon a lo largo del muro que encierra la embajada.


Escuché cada nombre con la emoción colgando en las pestañas y respondí “ausente” uniendo mi voz a la de los/las reclamantes por su vida y su libertad, entre ellos, uno que otro Marco Antonio, un par de Julio César, dos Carlos y algún Héctor, nombres muy cercanos y amados, que sonaron como martillazos sobre mi corazón. La gente a pie o en carros y autobuses iba de vuelta a casa, algunos saludaban con los pitos, alguien se detenía y soportaba la presión de las de atrás que querían continuar; el chofer de un autobús detuvo el vehículo hasta que se terminó la letanía. Mientras tanto el nudo que tenía en la garganta se disolvió en mis ojos.

Hubo llamados a la acción y al cumplimiento de su deber a las autoridades mexicanas, se señaló que el hecho constituye un crimen de Estado y, por lo tanto, este deberá responder no solo ante los familiares de los desaparecidos, su escuela, su comunidad y el pueblo mexicano, sino ante la comunidad internacional que permanece vigilante de lo que allí sucede. El Embajador permaneció tras las paredes del regio edificio blanco y mandó a sus representantes a recibir la carta que firmamos; en ella se ponía por escrito lo que se reclamaba a viva voz.

Ayotzinapa es un pequeño poblado situado en el estado de Guerrero que, según la salvatandas de internet (la Wikipedia), no tiene más que 84 habitantes. Su nombre significa “lugar de calabacitas”, es la sede de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” en donde estudian los desaparecidos y con lo sucedido, parece haberse transformado en la capital de México, en el centro del mundo.

Exigiendo respuestas, demandando justicia y aparición con vida de los jóvenes estudiantes, víctimas de un crimen de Estado, las marchas solidarias hormiguean en decenas de ciudades en todo el mundo. En todas se repiten los nombres de los jóvenes, seres humanos con derechos que les han sido arrebatados mientras permanezcan indefensos en las manos de sus captores. Digámoslos en voz alta, como cuando la maestra o el maestro pasan lista en el aula, y respondamos ausente por cada uno de ellos:

- Abel García Hernández
- Abelardo Vázquez Peniten
- Adán Abrajan de la Cruz
- Alexander Mora Venancio
- Antonio Santana Maestro
- Benjamín Ascencio Bautista
- Bernardo Flores Alcaraz
- Carlos Iván Ramírez Villarreal
- Carlos Lorenzo Hernández Muñoz
- César Manuel González Hernández
- Christian Alfonso Rodríguez Telumbre
- Christian Tomas Colon Garnica
- Cutberto Ortiz Ramos
- Dorian González Parral
- Emiliano Alen Gaspar de la Cruz.
- Everardo Rodríguez Bello
- Felipe Arnulfo Rosas
- Giovanni Galindes Guerrero
- Israel Caballero Sánchez
- Israel Jacinto Lugardo
- Jesús Jovany Rodríguez Tlatempa
- Jonas Trujillo González
- Jorge Álvarez Nava
- Jorge Aníbal Cruz Mendoza
- Jorge Antonio Tizapa Legideño
- Jorge Luis González Parral
- José Ángel Campos Cantor
- José Ángel Navarrete González
-José Eduardo Bartolo Tlatempa
-José Luis Luna Torres
-Jhosivani Guerrero de la Cruz
-Julio César López Patolzin
-Leonel Castro Abarca
-Luis Ángel Abarca Carrillo
-Luis Ángel Francisco Arzola
-Magdaleno Rubén Lauro Villegas
-Marcial Pablo Baranda
-Marco Antonio Gómez Molina
-Martín Getsemany Sánchez García
-Mauricio Ortega Valerio
-Miguel Ángel Hernández Martínez
-Miguel Ángel Mendoza Zacarías
 -Saúl Bruno García

Como sus familias, como México entero, como las y los jóvenes a los que acompañé el 13 de noviembre, fervientemente espero que vuelvan para que, más temprano que tarde, en lugar de que el mundo reclame su despiadada ausencia, sean ellos los que respondan presente cuando escuchen sus nombres; que la solidaridad que ha despertado este hecho terrible, como el maíz, sea sembrada en tierra fértil y que germine, eche raíces profundas y dé frutos de paz y de justicia para los 43, sus familias y el pueblo mexicano.

Más información y fotografías en https://www.facebook.com/events/726687600758179/?pnref=lhc.recent

sábado, 8 de noviembre de 2014

Mi hijo es un puñado de estrellas brotando de mi vientre



A los 43, a sus madres, sus padres, al pueblo mexicano, con todo el dolor y la indignación que soy capaz de sentir.


“¿Y qué encontraron?
 -Pues era carbón y pedacitos así de hueso.”[i]

Eso no es mi hijo. Un puñado de ceniza. Una uña. Despojos amontonados en un basurero. Mi hijo no es basura, no es carne quemada, no es sangre mezclada con la tierra. Eso no son sus ojos, los suyos brillaban como soles, sabían mirar más allá de este mundo de miseria, hambre y opresión.

Mi hijo no es una foto, tampoco es un papel, no es solamente un nombre, no es un número en una lista del horror. Es un ser humano. Lo sentí brotar en mi vientre, una semilla germinando en mis entrañas hace 17, 18, 19, 20 años. Le di a la vida, a mi país, un par de manos trabajadoras, una mente ansiosa de saber, conocer y enseñar, una voluntad dispuesta a romper los límites impuestos por la desigualdad, un hombre.

(asesinaron a los estudiantes, calcinaron sus cuerpos, picaron los huesos y luego los arrojaron al torrente de un río)

Fiero, cruel, inhumano. Atroz. No a él. No a mi hijo. No es cierto. No se merece un trato así, tan inhumano. Ningún ser humano lo merece. Ninguna vida debe ser tronchada de esa forma.

Estoy rota. Mis brazos están rotos, no pueden abrazarlo. Mi corazón también, ahora está anegado de dolor, de angustia, de tristeza. No es amor lo que siento, es desesperación, es rabia, indignación, incredulidad, impotencia. ¿Dónde está? ¿Acaso lo sabe algún árbol del camino? ¿Lo sabe la noche que cobijó a sus desaparecedores?

Señor Procurador, ¿Lo sabe usted? ¿Fueron hombres los que dice que les hicieron eso? ¿Los seres humanos, como usted, como yo, son capaces de triturar un cuerpo, de quemar a una persona estando viva?

¿Es la verdad o necesitan acabar su pesadilla, darle vuelta a la hoja y aquí no pasó nada?

En pocos días otra tragedia será el vórtice de sus preocupaciones. La mía está empezando.

Quiero a mi hijo de regreso, palpitante, vibrando, vivo. Me piden demasiado si esperan que acepte la idea de su muerte con palabras que describen lo que mis ojos no pudieron ver.

Mi hijo no es este vacío abismal, no es una bolsa de basura en el fondo de un río.

Él es el dueño de los pasos que oigo en el sendero cuando viene a la casa, de la voz que vibra en mis oídos diciendo palabras de futuro.

¿Esperan que sienta que está muerto hablándome de restos irreconocibles, imposibles de identificar?

¿Esperan que entierre lo que perdió su forma, lo que no tiene rostro ni identidad? ¿Dónde están sus señas más amadas?

(En el basurero, los peritos hallaron "cenizas y restos óseos que por las características que tienen corresponden a fragmentos de restos humanos".)

No lo creo. No me conformo. No quiero que le pongan su nombre a un puñado de cenizas. No quiero que me devuelvan los fragmentos de huesos diciendo que es mi muchacho, mi hermoso joven, mi estudiante, mi futuro maestro rural. Eso no es su nariz, tampoco su frente despejada, no son sus manos callosas que igual empuñaban un azadón que un lápiz. Eso no es el niño que se formó en mi vientre, el que nació de mis entrañas, el maestro rebelde que quería cambiar el mundo desde el aula llevando de la mano a los niños y niñas más pobres de México.

Mi hijo es un puñado de estrellas que brillan en mi noche cuando cierro los ojos en este sindormir que empezó el 26 de septiembre. 

A mi hijo se lo llevaron vivo. ¿Dónde está? ¿Dónde lo encuentro?




[i] México: las últimas horas de los estudiantes desaparecidos en Iguala http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/11/141108_mexico_estudiantes_desaparecidos_ultimas_horas_jcps

domingo, 2 de noviembre de 2014

Todos/as somos #Ayotzinapa



El 2 de noviembre, un día en el que en México y Guatemala se recuerda festivamente a los muertos aunque parezca un contrasentido, recordé con tristeza a mi hermano sin tumba conocida, a las decenas de miles de desaparecidos/as en Guatemala y en el mundo, sobre todo, a los 43 muchachos desaparecidos en México, un hecho por el que solidariamente todos/as somos #Ayotzinapa.


Tratando de encontrar un hilo para desgranar los sentimientos, placas tectónicas movidas por la fuerza del magma hirviente de esa nueva tragedia, busqué “solidaridad” en el diccionario. Esperaba una definición que incluyera palabras como amor, fraternidad, sororidad, abrazo, cercanía, empatía, sentir con el otro/a y un corto etcétera que muestra lo que sesgadamente creo que es esa ¿actitud? ¿Principio ético, político, humano? ¿Sustancia interna que nos hace rev/belarnos e indignarnos ante al sufrimiento humano provocado no por los avatares de la vida, sino por las acciones perversas del(os) poder(es) de todo tipo y tamaño? (La vida me ha enseñado que hay poder con P mayúscula y poderes proporcionalmente letales). Pero no. En cambio, hay un par de frases resecas, pálidas y descarnadas que no me sirven para este comienzo.

La solidaridad es la manera en la que nos colocamos respecto de nuestros semejantes y, en general, de todo lo que respira, se mueve, reverdece, da frutos, flores, vuela, trina, ladra, muge, maúlla… Podemos situarnos arriba, abajo, por encima del hombro y arrugando la nariz frente a lo distinto o, ¡oh, maravilla! al lado, revueltos, abrazados, respirando el mismo aire, viéndonos a los ojos, sintiéndonos, tocándonos, compartiendo el espacio - tiempo, amándonos, una/o al lado del otro y de la otra defendiendo la vida porque allí está la nuestra.

Desde ese punto de vista, la solidaridad está relacionada con la forma de ser y estar en el mundo, cómo nos construimos a nosotros/as mismos/as y nuestras identidades y cómo nos vinculamos con el prójimo. ¿Somos seres humanos iguales, interdependientes, o discriminamos por alguna sinrazón (clase, género, origen nacional, etnia, definición política, edad, color)? Situadas/os al lado de seres humanos con dignidad y derechos, viéndonos, sintiéndonos como iguales, nos indignamos ante las injusticias.

Y eso, justamente, fue lo que ocurrió en Iguala: una injusticia del tamaño de la humanidad contra las vidas prometedoras de 43 jóvenes estudiantes desaparecidos forzada e involuntariamente, una tragedia para sus familias y el pueblo mexicano, hermano del mío en el refugio y el exilio.

¿Cómo es posible que se continúe desapareciendo impunemente a las personas? ¿Cómo es posible que un crimen tan horrendo se siga repitiendo en todo el mundo? ¿Qué clase de seres humanos somos? ¿Qué clase de sociedades hemos construido? No es posible continuar permitiendo que predominen la muerte, la injusticia, la impunidad para estos crímenes.

Sin embargo, hasta ahora los reclamos de aparición con vida se han estrellado contra el muro que resguarda a los desaparecedores. Así ha sido siempre, sobre todo en Guatemala, pero ahora no tiene porque serlo. El mundo entero sabe lo sucedido, ha sido inocultable. “La solidaridad es la ternura de los pueblos”, como decía el Che, y la gente, sobre todo los/las jóvenes, han colmado con ella las plazas y calles mexicanas y de muchas ciudades del planeta demandando la aparición con vida de los 43 muchachos.

El 26 de octubre se cumplió un mes de esta tragedia. Quiero creer con sus madres y padres, que les serán devueltos con vida y en poco tiempo esta será una pesadilla que se ha quedado atrás. Desde el 26 de septiembre soy Ayotzinapa, siento su pesar, el mismo que he vivido por 33 años, comparto desesperanzada su esperanza y les doy mis lágrimas enrabiadas, plenas de indignación.

Porque, como dice el preámbulo de la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas, este crimen “constituye una afrenta a la conciencia del Hemisferio y una grave ofensa de naturaleza odiosa a la dignidad intrínseca de la persona humana (…) [que ] viola múltiples derechos esenciales de la persona humana de carácter inderogable [y] la práctica sistemática de la desaparición forzada de personas constituye un crimen de lesa humanidad”, seamos todos/as #Ayotzinapa y detengamos el mundo hasta que los 43 muchachos normalistas sean devueltos con vida, como en el poema de Vallejo:
Masa

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: “No mueras, te amo tanto!”
Pero el cadáver, ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
“No nos dejes!” ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando: ¡Tanto amor, y no poder nada contra
la muerte!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: ¡Quédate hermano!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces, todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar...

sábado, 25 de octubre de 2014

Un diálogo imposible



Marco Antonio. Estoy sentado en el sofá azul de la sala. Mi mano esposada está sujeta a uno de sus brazos, un arco de madera negra, muy pulida, que baja hasta posarse sobre el suelo.

Yo. ¿Su mano izquierda? ¿La derecha? ¿Le duele? ¿Está llorando? (Es una imagen muda la que evoco.) (Si tan solo era un niño… ¡Malditos!) ¿Quiere gritar? ¿Quiere decirle al hombre que le quite la pistola de la sien a su madre, que lo libere? 

Marco Antonio. No puedo, estoy amordazado.

Yo. Le cerraron la boca con un trozo de cinta gruesa. Usted mismo la buscó a pedido de su captor.

(¿Cuánto tiempo pasó desde que irrumpieron en la casa y se lo llevaron con ellos? Pudo ser una hora, dos horas. Para mí, ese momento dura 33 años.) 

Marco Antonio. Mi corazón late muy fuerte. Creo que tengo miedo, mucho miedo. ¿Qué van a hacerme? ¿Me van a torturar? ¿Van a matarme?

Yo. No sé qué van a hacerle. Usted aún es un niño. ¿Se quiere desatar? ¿Quiere huir? 

(Los grilletes están hechos de tal modo que con cada forcejeo se hincan más profundamente en sus muñecas.)

Marco Antonio. ¿Voy a perder mi examen? Es demasiado tarde. Estoy temblando.

Por un instante, se consuela pensando que tiene la excusa perfecta. ¿Quién puede hacer algo contra tres hombres armados que violan su domicilio inviolable, lo atan y amordazan?

Marco Antonio. ¿Quiénes son esos hombres? 

Yo. Son tres infrahumanos de la G-2 que llegaron en un picop verde, placa O(ficial)-17675. 

Los vi antes en un sueño, una visión oscurecida, aterradora, en la que “hombres con armas de grueso calibre”, desalmados, penetraron a la casa con violencia. El vano de la puerta de la sala se abría hacia el corredor que llevaba hasta el patio trasero, así lo había dibujado usted en un boceto infantil que fue traducido a los planos de la casa después del terremoto. En él se enmarca una de las figuras de mi pesadilla, un tipo con una boina negra, un saco negro ajado que no le queda bien y una botas militares. Está en posición de descanso, con las piernas abiertas y un fusil ridículamente grande que cuelga de sus manos mugrientas. Desgreñado, con la sombra de una barba tupida sobre su cara oscura, me mira con una sonrisa burlona.

El registro termina. El infrahumano vuelve arrastrando a su madre. Enfurecido, rechaza la súplica de que se la lleve a ella (“yo ya viví”, “él es solo un niño”) y no a usted, mi niño. El arma es una extensión de su mano. Para su mirada dura usted no es un niño, no es ni siquiera un ser humano.

El hombre suelta los grilletes, lo cubre con un saco de nailon, abre la puerta y lo empuja hacia la palangana del vehículo. Usted oye los ruegos de su madre. Los dardos de su llanto se clavan en sus oídos. Un líquido caliente le resbala por las piernas y deja una huella oscura en el pantalón del uniforme del colegio.

Yo. Ya no escucho su voz. ¿Lloró? Ahora pienso que pudo haberse desmayado del miedo. ¿Cómo pudieron hacerle eso?

Mamá. “Voy a ser ingeniero”, me decía. “¿Le gusta esa casa? Yo voy a hacérsela cuando sea grande”. 

Yo. Usted nunca pensó “voy a ser un desaparecido”. Y yo, jamás supuse, nadie lo hizo, que la casa que usted había dibujado siendo un pequeñito de diez años sería convertida en una trampa mortal ese día maldito. ¿Dónde está?

Marco Antonio. No sé.

Yo. ¿A dónde se lo llevaron?

Marco Antonio. No sé, no sé, no sé.

¿Por qué no me responden aquellos que lo saben?

Desde entonces, perdida hasta de mí misma, recorro laberintos oscuros, rutas desconocidas, caminos inexistentes que me llevan hacia ninguna parte. En este recorrido interminable he dejado esparcidos fragmentos de mi vida. Sola con su recuerdo, amada carga, muerto sin muerte pegado a mi alma. Llevo un espejo roto entre mis manos empuñadas, sangrantes. Es mi existencia y no lo suelto.

Todos mis días tienen algo del 6 de octubre, algo de mediodía interminable, una tristeza pesada que me impide volar. Es mediodía siempre en esas noches en las que el insomnio como pájaro oscuro anida en mi cabeza y el peso de las lágrimas que no he llorado nunca me sepulta en mi almohada.

Amado hermano, mi niño perdido, lo seguimos buscando y exigiendo justicia.

sábado, 11 de octubre de 2014

A 33 años de la desaparición forzada de Marco Antonio Molina Theissen, una vez más demandamos justicia


Marco Antonio Molina Theissen fue detenido ilegalmente y desaparecido a los 14 años y 10 meses de edad por la G2 del ejército. Por este crimen de lesa humanidad, continuado e imprescriptible, –cometido el 6 de octubre de 1981- la Corte Interamericana de Derechos Humanos le ordenó al Estado investigar, enjuiciar y castigar a sus perpetradores en su sentencia del 4 de julio de 2004 la que, sin embargo, el actual gobierno se niega a acatar.

Demandar justicia para Marco Antonio y las víctimas del genocidio y la desaparición forzada no es un capricho, es un derecho. Sin embargo, esta no será posible para él ni para la totalidad de víctimas, tanto las del genocidio y la desaparición forzada como las de la vorágine de violencia que golpea duramente a la sociedad guatemalteca en la actualidad, mientras persista la debilidad de un sistema judicial sujeto a los poderes fácticos, minado por la corrupción, el tráfico de influencias y, por tanto, proclive a mantener la impunidad de los criminales de antes y de ahora en un contexto de violencia y brutalidad en el que seguirá prevaleciendo la ley del más fuerte.


Esta situación se reveló con crudeza en el último año y meses en las actuaciones abiertamente ilegales de la Corte de Constitucionalidad, una instancia que ha desvirtuado su mandato desvergonzadamente, como lo demostró con sus recientes intervenciones en el juicio por genocidio y la salida abrupta, prematura e injusta de Claudia Paz y Paz de la jefatura del Ministerio Público. Más recientemente, con asco hemos asistido a los sucios y viciados procedimientos para las “elecciones” de la actual fiscal general y los magistrados y magistradas de la CSJ, efectuados (más bien, perpetrados) por unas comisiones de postulación espurias y desnaturalizadas -dado que han hecho exactamente lo contrario de aquello para lo que fueron establecidas- en confabulación con el Congreso de la República y el Ejecutivo.

Es imposible confiar en la CC y en procedimientos que ya han probado ser ineficaces, como tan clara y contundentemente lo dice Julie: 

“No quiero poner me gusta en nada que siga haciendo de la CC un superpoder. Ni que la CC "ordene" ni que la CC "anule". (…) ¿Hablan de la CC que intervino el poder judicial en el caso de genocidio? ¿De la que -cantado por Ríos Montt "estamos 3 contra 2"- dio paso a su candidatura presidencial? ¿De la que "ordenó" sin tener potestades que se iniciara la elección de Fiscal General para sacar a Claudia Paz y Paz 7 meses antes del cumplimiento de su periodo? Y esto último ¿lo hizo la CC para dar lugar a esta compraventa de sentencias e impunidad? La CC refiere a cumplimiento constitucional. La corrupción que estamos viendo, la CC la tiene en la cocina. No exijo que la CC ordene ni anule este proceso. El proceso debe reiniciarse porque ha sido viciado, porque hay pruebas, y porque debemos la ciudadanía, constituirnos en veeduría de transparencia en las postulaciones. Porque estamos ante una clase política que está extendiendo la corrupción y la impunidad del ejército genocida al congreso irresponsable y a la cooptación de todo el sistema judicial para seguir actuando con impunidad. ¿Quién dice que esto lo arregla la CC? Si es un organismo cooptado desde antes de esta embestida. La CC ya es un organismo dedicado a la protección de intereses del poder económico. Están atrasados resolviendo los amparos interpuestos y esa sí es su labor. Están atrasados a propósito. ¿Quién con una luz se pierde?”

Pues con esa luz, entiendo que aunque se haya conseguido la suspensión temporal de la “elección” de magistrados/as, la situación es mucho más complicada. Para que haya justicia se requiere de un poder judicial independiente, sólido, sin fisuras, conformado por profesionales honestos/as, capaces y apegados/as a la ley, que se reconozcan a sí mismos/as como ciudadanos y ciudadanas dignos y en pleno ejercicio de sus derechos para rechazar ser parte en los procesos espurios y corruptos, como lo hizo la magistrada Claudia Escobar, quien demandó “un proceso transparente, en el que se privilegie la elección de los funcionarios más idóneos y aptos para el cargo, en consecuencia que se respeten las normas establecidas en la Ley de la Carrera Judicial.” (http://www.albedrio.org/htm/articulos/c/cescobar-001.html)

Para que haya justicia se necesitan jueces y juezas conscientes de sus responsabilidades en el ejercicio de la judicatura para que garanticen la realización de nuestros derechos, que sean nombrados mediante procesos limpios, transparentes, en los que no impere otro interés que el de favorecer el bien común.

¿Qué hay qué hacer para construir un poder judicial independiente e incorruptible que garantice la justicia para Marco Antonio y las víctimas de los crímenes de ayer y de ahora en una sociedad en la que mandan el dinero, el miedo y los mandatos de sumisión y obediencia dictados por el poder? Además de limpiar de arriba abajo los tres poderes del Estado y establecer su independencia mutua, algo que no es fácil en las actuales circunstancias, se necesita una serie de condiciones que den lugar a un proceso sostenido de fortalecimiento del sistema de administración de justicia, entre ellas, las siguientes:
  • la vigilancia ejercida por la ciudadanía junto con las organizaciones profesionales, populares y de derechos humanos;
  • la mirada vigilante de la prensa independiente y las y los periodistas sin precio;
  • un currículo de estudios de Derecho que forme a los/las futuros/as profesionales en derechos humanos, les capacite para conocer y analizar la realidad del país y les dé las bases para que actúen con apego a la ley, a principios y valores éticos de servicio a la sociedad y no a los mercados legales e ilegales y respeto a los derechos de todas las personas y colectivos por igual; y,
  • la participación organizada de abogados y abogadas honestos, que conciben el Derecho y la justicia como un instrumento para (r)establecer relaciones sociales civilizadas, entre personas y colectividades consideradas iguales ante la ley, para incidir en una efectiva profesionalización de la carrera judicial, ajena a compadrazgos politiqueros y mafiosos, con un alto compromiso ético.
Y, por el momento, me uno a quienes exigen que se repita el proceso de elección de magistrados/as para la CSJ con absoluta limpieza, transparencia y apego a las leyes.

El sufrimiento por la desaparición forzada de Marco Antonio, que se prolonga a lo largo de 33 años, solo podrá ser atenuado por la acción de la justicia y la devolución de sus restos. La justicia es el primero de los derechos, un pilar fundamental para la construcción de una sociedad auténticamente democrática y en paz en la que no se repitan los hechos atroces del pasado reciente, los conflictos se resuelvan de manera pacífica y se cumpla con la finalidad más alta de las colectividades humanas: proteger y resguardar la vida y la dignidad de todas las personas, en igualdad.


En el 33 aniversario de este hecho injusto,

EXIJO JUSTICIA PARA MI HERMANO,
EXIJO LA DEVOLUCIÓN DE SUS RESTOS,
EXIJO EL CUMPLIMIENTO DE LA SENTENCIA DE LA CORTE INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS EN LA QUE LE ORDENA AL ESTADO DE GUATEMALA INVESTIGACIÓN, JUICIO Y CASTIGO A LOS CULPABLES, LA APROBACIÓN DE LA LEY 3590 PARA LA INSTAURACIÓN DE UNA COMISIÓN NACIONAL DE BÚSQUEDA DE LAS PERSONAS DESAPARECIDAS, LA APROBACIÓN DE UN PROCEDIMIENTO EXPEDITO PARA LA DECLARACIÓN DE MUERTE PRESUNTA Y LA INSTALACIÓN DE UN BANCO DE DATOS GENÉTICOS PARA LA IDENTIFICACIÓN DE LAS PERSONAS DESAPARECIDAS

¡¡¡No olvido, no perdono, no me arrodillo, no me callo, lo que quiero es justicia!!!