Letras invitadas: La soledad, el exilio y otros dolores

La soledad, el exilio y otros dolores
 Neri Espinoza 
Invierno del 93
En tus laceradas tetas
de perra vieja y abusada
convergen el genocida y el aventurero,
el amo viejo y el cazador de fortunas
que pagan derecho de piso
con sangre ajena.
Y en esa caseta de subastas
se reparten tu última leche,
tu leche exhausta,
tu sagrada leche.
 
Tengo un país 
en el bolsillo incrédulo.
Un hombre, una mujer
en los botones mancillados.
Una esperanza envejecida
en la chaqueta de los fraudes.
Una juventud estafada
en el zapato deforme.
Dos ejércitos enloquecidos
en su vocacion de látigo.
Y en la mano que el terror ha disecado
aprieto un caballito de juguete
en el que palpitan los últimos minutos
de un niño masacrado.
 
Como duele vivir aquí
siempre esta anocheciendo,
siempre es mediodía y madrugada.
No hay equilibrio y es inadmisible una caída.
Débil, casi inútil,
cada vez más solo dentro de mi corazón forastero,
navego en mi arroyo
y es mi compás esta voz desentonada.
 
Hoy escribo el poema que presiento.
Hoy entrego mi pan  y libro mi batalla.
Traigo copos de nieve en mi barba
y el frío me electriza los bigotes.
Y sonrío para mi delirio,
pues amo y adoro
aquella diozesna bailarina
bañada de luz y ámbar de un maquilishuat en Mayo:
 
Estoy vivo.
 
******
 
Un sábado de otoño

Por MH

Es un sábado de otoño y estoy aún en mi apartamento a las 12.53 pm. Las palabras resbalan por mis dedos hasta plasmarse en la pantalla de mi laptop. A miles de kilómetros de cualquier cosa, no de todas las cosas. Solo de cualquier cosa que a veces parece tener sentido.

Me mareo pasando los taps del browser tratando de darle sentido a este día. Busco contenido para el vacío que sé que está ahí adentro, pero que no busco asumir ni reconocer. Pretendo, eso sí, llenarlo de imágenes de fiesta, imágenes sonrientes, vistas de montaña, playa, mis amigos. No del trabajo a las 9 pm. No del trayecto a mi casa, no estos momentos en los que me encuentro solo e impresentable, frente a mi computadora, escribiendo para tratar de realizarme. De darle forma a eso que no estoy asumiendo.

“La historia me absolverá” me mira desde la esquina del cuarto, Churchill me guiña un ojo, Steinbeck, The wisdom of crowds, Fromm, Freud, Psicología de las masas y Análisis del yo, Darwin... inclusive una Biblia me reclama. En el fondo, de lado, perdido, está el Diario de Anna Frank, el libro prohibido, un libro que por alguna razón no logro leer.

Son muchas coincidencias, era una niña y fue víctima del exterminio. Todo sucedió en Holanda y yo me encuentro en Holanda. Pero esa no es suficiente coincidencia, el punto de encuentro es tal vez el mismo que impide que yo recuerde la fecha de ese día que marcó a muchos pero que he supuesto (y sigo suponiendo) no ha llegado a mí. El fuelle que calentó el tizón no me es relevante, el tizón no me alcanza, su superficie incandescente no toca mi costado.

O al menos eso quiero creer, cuando camino todas las mañanas a la Universidad. El paisaje es tan diferente, el norte de Europa es diferente. La Centroamérica tropical se asoma en la esquina de mi ojo y se contrasta con estos celajes. A veces pienso que muchos ojos exiliados tocaron estos mismos paisajes. Asumo de nuevo que mis ojos no son los de un exiliado, solamente persiguen los sueños inconclusos de muchos, en particular y en lo inmediato, de tres o cuatro personas entrañables y queridas de un pasado que no conocí, de un pasado que fue exterminado. A veces percibo sus presencias, las llaves que se esconden, el cantar de un pájaro que me guía en mi perorata matutina, muchos planes y miradas de sorpresa. Extraños que se extrañan de ver a un joven hablando solo... Vuelvo a la realidad, mi habitación, mis programas y mis códigos, mi tesis que no comienza, tres correos spam que me venden cualquier cosa, y finalmente un link que dobla la esquina de la historia y me aprieta el tizón en el costado...

Entiendo y asumo este vacío, mi frenética actividad, mis horas de insomnio, el compromiso sentido y todas las horas de lectura autodidacta. No soy víctima, soy el resultado de lo mejor que una sociedad le puede dar a este mundo.

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