viernes, 5 de agosto de 2011

Madre sin hijo

Como una planta arrancada de la tierra, su tierra, mi madre se marchita. Huérfana de su niño desde hace treinta años, siento que su paciencia se acaba y veo cómo la rabia llena su pecho cada día.

Son treinta años, como treinta puñales clavados en su cuerpo, desángrandola.

Es demasiado tiempo sin respuestas y ya se acerca octubre. Otro octubre, hecho de llantos y de lluvia, sin que mi madre sepa qué pasó con su hijo, qué le hicieron y quiénes, dónde quedó su última huella. Torturantes preguntas que le roban el sueño, sigilosas.

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