sábado, 30 de junio de 2012

La audiencia de Río Negro

(Traducciones al portugués y al inglés en 
http://todaysblogal.blogspot.com/2012/07/la-audiencia-de-rio-negro.html)

La audiencia de Río Negro, los días 19 y 20 de junio, fue precedida por una ceremonia maya en la Corte Interamericana de Derechos Humanos dirigida por un guía espiritual. En un irregular semicírculo, “occidentales” e indígenas, hombre y mujeres, asistimos a un ritual hermoso en un idioma que no entiendo, el maya achí, salpicado de vocablos en español como abogado, jueces, Corte, valor y fortaleza. Además de nosotrxs, una brisa caliente y húmeda y un alto ficus acompañaron la ceremonia. El sol en su cénit, quemante, alumbró el momento desde un cielo despejado, celeste y transparente. Al centro, el fuego, las candelas de colores, las flores, las ofrendas (azúcar, tabaco, chocolate, mirra y pom), todo envuelto en la nube fragante del incienso que se quemó en una vasija hecha de barro guatemalteco, rojo, extraído de una tierra empapada de sangre.

Reunión de familiares y sobrevivientes de las víctimas de las masacres
A lo largo de una tarde y una mañana, las voces de testigos -Jesús Tecú Osorio y Carlos Chen Osorio- y peritos -Michael Mörth y Rosalina Tuyuc- pintaron en el recinto judicial un retablo hecho de mil historias de miseria y profundo sufrimiento. La niña violada a los cinco años, el niño esclavizado por el militar que se lo robó después de haber matado a su familia, la madre que llevaba a su bebito envuelto en un rebozo amarrado a la espalda donde quedó la mitad del pequeño cuerpo de su hijo mientras la otra rodó al suelo tras el machetazo del soldado, las jóvenes mujeres sometidas a servidumbre sexual, el hermano mayor que vio cómo ahorcaban a su hermano menor, las casas quemadas, las cosechas destruidas, los animales muertos, casi 500 personas masacradas –hombres, mujeres, niños, niñas, personas mayores-, la tierra ancestral, inundada y, bajo el agua, sepultados, los lugares sagrados, el bosque que les proveía de medicinas y otros medios de vida, las flores, las abejas, los pájaros de todos los colores, con sus cantos, los huesos de sus abuelos y abuelas, la vida del pueblo de Río Negro.

Por todo eso, nos dijeron, lxs maya-achís –las víctimas- le piden perdón a la tierra, la madre primero ahogada en sangre –de la que recibió toneladas de las casi 500 víctimas de las matanzas- y luego en agua, que debió haberse tornado púrpura al anegar el territorio.

La gente que sobrevivió a las masacres sucedidas una tras otra en los primeros años de la década de los ochenta en esta localidad del norte del país, se asentó en la que es considerada una zona roja, sin escuela ni servicio de salud, donde “los caminos son barrancos”, como dijo uno de los testigos. La insultante y absurda paradoja es que no tienen electricidad, después de que fueron masacrados para construir una hidroeléctrica.

¿Y la justicia? Mal, muy mal. El peritaje del experto añadió a este retablo de dolores multiplicados, profundos, la persistencia del pueblo en invocarla y sus repetidos choques contra un muro de piedra y de cemento. La infranqueable, maldita, impunidad.

En la voz pausada y suave de Rosalina Tuyuc fluyeron las verdades de las víctimas acerca de como la muerte física reiterada innumerables veces puede traer consigo la muerte cultural del pueblo indígena. Del genocidio al etnocidio hay un recorrido trágico plagado de innumerables pérdidas de referentes de identidad y pertenencia como la desaparición o el asesinato de las personas ancianas, las madres –las transmisoras del idioma y las costumbres ancestrales-, los padres que ya no estuvieron para enseñar a trabajar a sus hijos varones. Desde esta perspectiva, el territorio es el escenario en el que se despliega la vida de la comunidad, el lugar en el que enrollan las hebras multicolores del tiempo y se teje la continuidad del pasado con el presente y el futuro en el interminable círculo de la historia. Este lugar con dimensiones materiales, físicas, espirituales, mágicas, el sitio de la realización de la vida, donde el pueblo maya - achí de Río Negro era lo que había sido y sería siempre, se perdió para siempre bajo el agua.

El hilo de la identidad también se ha perdido con el traslado a otros lugares para conservar lo único que les quedó tras las matanzas, la vida. Las personas sobrevivientes se vieron obligadas a transformarse, a dejar de ser, a camuflarse, a convertirse en otros y otras disfrazándose, dejando de hablar su idioma, de usar su nombre y sus vestimentas hermosas, coloridas, hacer a un lado sus prácticas culturales y ocultar su lugar de nacimiento. Y ni que decir de los niños y niñas que fueron “extraídos” de su entorno territorial, identitario y familiar para apropiárselos indebidamente por militares o darlxs en adopción. Allí estuvo Dominga Sic, la niña que perdió a toda su familia y fue llevada a los Estados Unidos. Ahora, una mujer, ni siquiera habla español, mucho menos la lengua de sus ancestros.

Son la vida, la memoria y la lealtad a la sangre las que alientan su profunda necesidad de justicia y, agrupadxs en la Asociación para el Desarrollo Integral de las Víctimas de la Violencia en las Verapaces, Maya Achí (ADIVIMA), les impulsaron a acudir al sistema interamericano de derechos humanos para lograr lo que nuestro país es incapaz de darnos a las víctimas del terrorismo de Estado: la restitución de nuestra dignidad y el respeto a nuestros derechos y condición humana y ciudadana mediante la justicia y el reconocimiento a la verdad de lo sucedido.

Toda acción tiene una reacción igual o contraria y en esta historia, estuvo en la voz y en la actuación del agente del ilustrado Estado de Guatemala, como se dice en el lenguaje de las audiencias. Mis oídos se sintieron lastimados por la desafiante negativa proferida por el representante estatal, Antonio Arenales Forno, a la acusación de genocidio pronunciada por el firme y valeroso abogado que representa a las víctimas, Édgar Pérez. La intervención del agente estatal no quedó allí. Haciendo de la sala de audiencias del alto tribunal interamericano una tarima política, reinterpretó la Convención Americana sobre Derechos Humanos de acuerdo con los intereses políticos prevalecientes en Guatemala a partir de enero, sermoneó a la Corte poniendo en duda su facultad para tipificar los crímenes de Estado y la conminó a declararse incompetente en este caso por ser anterior a la aceptación de la competencia del Tribunal. No contento con esto, afirmó -con esa voz que pareciera no querer salir de su garganta- que las mujeres y hombres maya – achís sentados al otro lado de la sala no habían llegado allí por voluntad y decisión propias, sino “instigadxs” por las organizaciones de derechos humanos y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, asegurando que les movía el interés de obtener una alta indemnización monetaria.

En su discurso no se olvidó de fustigar a la Fiscal General por su pertenencia a una familia “subversiva”; se refirió a que en el “enfrentamiento armado” –eufemismo con el que buscan encubrir el genocidio y el terrorismo de Estado, de la misma forma en que han prostituido la expresión “conflicto armado interno”- hubo tantas muertes de uno como del otro lado, además de que eran indígenas matándose entre sí en el típico escenario de la Guerra Fría, la URSS vs. EEUU. El agente estatal estaba tan dirigido a negar el genocidio, que en la intervención de uno de los jueces creyó oír la palabra y, en lugar de responder su pregunta, le recordó nuevamente que la Corte no tiene competencia para conocer este caso ni pronunciarse al respecto. Es más, en su criterio, la Corte no debería conocer ningún caso porque no es parte de un sistema penal, sino que debe dejarlos en la jurisdicción interna que allí el Programa Nacional de Reparaciones se ocupará de estos asuntos.

También fue parte del discurso estatal de corte contrainsurgente la amnistía otorgada mediante la Ley de Reconciliación Nacional de 1996. En su sesgado punto de vista, son improcedentes los procesos penales emprendidos en los casos mencionados. Es más, dicha ley ni siquiera debió haber excluido la desaparición forzada porque aún no estaba tipificada en el ordenamiento jurídico en el momento de su promulgación. Esta postura es compartida por los sectores interesados en mantener la impunidad de los criminales terroristas de Estado, como los militares, entre ellos el ex jefe de Estado Efraín Ríos Montt, amparado provisionalmente por la Corte Constitucional al invocar la validez de esa ley en las causas que se le siguen en el genocidio ixil y la masacre de Las Dos Erres.

Al terminar la audiencia, aún asombrada por lo oído, los sentí al pasar a mi lado como cuando se cae al vacío. Me retiré de la sala de audiencias del alto tribunal de derechos humanos con la impresión de que todos los caminos a la verdad y la justicia confluyen hacia un solo punto: el abismo de la impunidad y la versión contrainsurgente de esa etapa trágica de la historia guatemalteca que brotó de la lastimada garganta del representante estatal.

Escuchar las pretensiones de ese poder aplastante, respirar el aire envenenado con alientos racistas, manipuladores, cargado de odio, que busca destruir las esperanzas de justicia y de encontrar la verdad sobre lo sucedido a Marco Antonio, me hizo sentir que estaba cerca de algo que me sobrepasa, que no entiendo, algo sucio, peligroso, oculto, secreto, que no puede ser expuesto a la luz pública.

Pero aún sin esperanza no me daré por vencida. Se lo debo a mi hermano, se lo debo a mi padre y a mi madre, se lo debo a la sangre centenares de miles de veces derramada.

Vídeos de la audiencia de Río Negro en la Corte Interamericana de Derechos Humanos:

Otros enlaces:
La historia de Dominga Sic: Denese Becker recupera su memoria

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