viernes, 30 de mayo de 2014

Novilunio

¿Habrá alguien a esta hora que me piense? ¿Qué se acuerde de mí? ¿Qué me sueñe? ¿Qué me vea asomada a la ventana? Soy una sombra que camina entre sombras. Un fantasma. Silenciosa, dejo que mi alma se vaya de mis ojos y floto liviana sobre la noche que se extiende hasta donde el horizonte se corta con el perfil de las montañas. El atardecer fue una nube sepia en la que se sumergió el sol. No hay luna. Hoy es el novilunio. La oscuridad se esparce como tinta borrando los colores. 

(Hermano, usted es la luna que hoy busco inútilmente.)

Cansada, vuelvo a mi cama. Me acuesto y enredo mis piernas con las sábanas. Las muevo con un frenesí que talvez me ayude a desprenderme de este desasosiego. Estoy perdida. Pego las rodillas contra el pecho donde ruge un volcán inflamado por la ira. Las aprieto contra mí. Hecha un nudo, me abrazo y me hundo en el llanto silencioso de las madrugadas.


(Guatemala se escribe con “G” de genocidio. ¿Cómo se atreven a negarlo, a ignorar a las decenas de millares de víctimas, a pisotear el derecho de acceder a la justicia a los/las sobrevivientes? La justicia es como esta luna nueva. Por más que escudriño el cielo, no la encuentro.)

Mi sangre es un torrente de lava que, hirviente, circula por mis venas. Si me muriera en este instante, me iría de este mundo con tanta rabia que haría arder al mismo infierno. Los espasmos del llanto acallado, secreto, hacen ondular mi cuerpo, débil y pequeño, como un mar embravecido. La luz que entra por las rendijas delinea largas cabelleras de cometas en el cielo de mi cuarto. 

(Guatemala se escribe con “G” de genocidio. Es muy duro escribirlo, pensarlo, decírmelo en voz alta, adolorida voz, pero más duro que eso son las experiencias de las víctimas que han sobrellevado el sufrimiento calladamente durante décadas.)

Guatemala es un espejo oscurecido que no devuelve mi imagen ni la de las víctimas y sobrevivientes de las atrocidades. 

Como la luna nueva, parece que no existo, que no soy un ser humano, que no soy ciudadana. Soy ajena al duro núcleo del poder donde conviven unos pocos. Una pieza suelta que no encaja en el rompecabezas social establecido por los sectores dominantes. Desechada y despreciada, para mí no hay cabida en los relatos oficiales del pasado.

Y sin embargo, no puedo elegir qué ser. Ya lo hice, estoy moldeada por mis propias decisiones y por sus decisiones. Ellos me hicieron ser la hermana de un niño desaparecido. (También niegan a los desaparecidos/as). En un país tan polarizado como el nuestro, nací del lado opuesto. Soy mi historia personal y soy parte de la Historia del horror al que nos sometieron. Soy –somos- Historia encarnada. No es justo que con una vida ya vivida, deba seguir buscando mi lugar en el mundo, aún insatisfecha, mutilada, desciudadanizada. Al traicionar la paz y dividir a Guatemala, al continuar sembrando la violencia y el miedo, quieren imponernos una “paz” a costa del silencio, de la negación de las atrocidades, de la impunidad de los perpetradores a quienes premian con su insoportable levedad.

Como en aquellos años, nos siguen borrando de la vida, nos quieren calladas/os, sumisos/as, arrodilladas/os, impotentes. Pero, como la luna nueva, invisibilizados/as orbitamos alrededor de sus conciencias, si las tienen.

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