martes, 15 de octubre de 2013

Che, si no te hubieran matado…

Ayer fue liberado el mítico Che Guevara tras permanecer en prisión casi cincuenta años por causas conocidas. De esa manera, pretendieron reducir a la nada su rebeldía, su hacer a lo Martí, que sigue siendo la mejor manera de decir, y su forma de lanzarse al vacío sin pensarlo.





Salió caminando de la cárcel con sus escasas pertenencias: una pipa, un libro, miles de páginas de un diario escrito pacientemente a lo largo de todo ese tiempo, sus botas, su boina estrellada y una sonrisa a prueba de infortunios.

Como una pompa de jabón, una ilusión o la neblina de las madrugadas, pareció deshacerse en el aire. Ahora, el Che ejemplo se dedica a predicar en calles y parques, en sus esquinas rotas bajo faroles que alumbran débilmente esta noche de injusticias que parecen eternas. Siempre está rodeado de muchachas, muchachos y unos cuantos nostálgicos de antes. Palomas y niños se posan en sus hombros.



El Che sonríe. De sus labios, a borbotones, fluye su ideario intocado. Más vivos que nunca él y sus ideas.

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